2 de mayo de 2007

EL HAMBRE Y LA SED.





El grito de Eduard Munch (1893)


EL HAMBRE Y LA SED.




Más allá de la sombra.





Frente al río que huele a esencias importadas
se recuesta la espina dorsal de Puerto Madero.
Cada vértebra es un restaurante a la carta
donde van los maridos con señoritas rubias
de pelo lacio y cintura diminuta.
Suenan los absurdos teléfonos en la mano
que comunican que la reserva no está lista
y el dueño del B.M. pone una estúpida cara
de satisfacción y superioridad
mientras conversa en la fila,
con otros iguales a él,
que tienen mujeres idénticas a ella,
que por esta noche es la suya...
Llega el vaho de las peluquerías del Norte,
mañana quien sabe.

Conseguir un palco en el paraíso de elegidos
del reino de los testigos del último dios
no es poco.
Poderoso caballero.
El hombre volverá a mirar el reloj
de acero y oro sin preocuparse.
La zona está custodiada.
No acecha el miedo
que viene a plantarse por las mañanas
frente al despertador virgen.
El cerco perimetral invisible está delimitado
por una sombra tenaz
que apenas se vislumbra.

¿Qué hay del otro lado de la sombra
que ahora va tomando forma monstruosa?
El señor empieza a sudar,
-raro para una noche de septiembre-.

Se escucha a lo lejos una alarma que suena
sin causa aparente.
No es la suya.
Mas, puede que lo fuera.
Las sonrisas de los vecinos de espera
se desdibujan.
Todos descubren la voracidad de la sombra.
Ninguno la piedad mítica.

De repente,
recuerda a un chico de Puerto Bayahibe
una tarde de exactamente un año atrás.
Las moscas zumbaban a su alrededor
y sus piecitos descalzos tenían ampollas.
No tenía fuerzas para caminar, le pesaba
una panza prominente a su esquelético cuerpo.
Fuera del hotel tuvo la misma extraña sensación
que aquella noche nublada.
La oscuridad ahora instalada en Buenos Aires
se transformaba en humo
y adquiría la imagen del niño dominicano.
Lo estaba viendo.

El muchacho que cobraba sus monedas por estacionar
los autos tenía la piel blanca y el cuerpo atlético.
Fue el primero que gritó.
El círculo de las tinieblas se acercó a él
lento, patibulario;
extendió una mano peluda
antes de engullirlo
y las mujeres lloraron
un poco.


Empezó a nevar,
Como aquella vez que González Tuñón
vio nevar en el Colegio Nacional
que años después fuera también su colegio.
La corbata lo asfixiaba.
Unos segundos después,
el sitio de la mesa era anunciado por un elegante
gerente de relaciones públicas,
vestido de negro
( más negro que la sombra):
-Adelante, señores. Buenas noches.
¿Toman una copita de jerez?

4 comentarios:

Laura Berra dijo...

Me encantó! y también me gustó la elección de El Grito (el cual no sé si ya lo recuperaron).
Saludos,

Anónimo dijo...

SOS GROSSA, ME ENCANTARIA Q FUESES MI TIA. NO SOS IGUAL A NADIE...VOMITAS MI AMOR, LO Q A TANTOS LES CUESTA, LO ADORNAN PARA Q SEA TRAGABLE VOS LO VOMITAS. VEAN O VEAN.
TU SIEMPRE TUYO, DR. STRANGELOVE

BELMAR dijo...

Finalmente todos estamos solos... asì llegamos a este mundo...

BELMAR dijo...

Descrìbeme tus botas de cuero, como son, como te hacen sentir, dònde te llevan, que piensan los demàs cuando caminas con ellas...