13 de mayo de 2007

NADIE





Nadie.

Siempre parecía que algo estaba por ocurrir.
Por eso, andaba huyendo como una perdiz que escapa de la carretera, asustada.
¿Qué saben los doctores?
Psicosis, diagnosticaban, y se rascaban la panza con satisfacción espasmódica.
Ellos que se creen felices y sabios no comprenden.
No es sana la melancolía, señorita. No se debe vivir del pasado. Contradicciones. Analice su infancia. Nadie la sigue ahora. Tranquila. Interprete el sueño. Es su obsesión auto-referencial la que inventa esas historias. Evite caer en pánico. Exprese lo que sienta. Gestalt crudo y duro.
Pero, ¿qué saben los doctores?
Alguien estaba del otro lado. Iba acechando, oteando, escudriñando como un solitario voyeur voyant mis pasos, con voracidad incontrolable. Me espiaba con catalejo vigilante.
La inseguridad, el desamparo de una creciente tristeza y las dudas timoratas eran mi desayuno cotidiano. La noche: el insomnio y las pastillas para dormir.
Una sombra me perseguía.
Los primeros tiempos lo llamaba "casualidad". Después, "extrañas coincidencias".
Llegué a creer que se trataba de un secuestrador de almas (Ätame, Almodóvar)
Analgésicos. Psicotrópicos.
Cálmese.
Nadie la está siguiendo. Nadie.
Espirales en el techo de mi mundo.
Probá con la religión. Hacé yoga. Nadie.
Tómese un tecito de hierbabuena y cilantro. Es lo mejor para estos casos.
Homeopáticos. Peripatéticos.
Doctores. Doctores. ¿Qué saben los doctores?
Andá al teatro. Olvidate. Salí a bailar. Que te diviertas.
Amigos, amigas, que nunca pagaban la consumición.
La vida continúa (de Sandro y Anderle).
Si no fuera porque algún tiempo más tarde comenzaron a llegarme regalos, todo habría quedado allí, perdido en los pasillos de un locura infanto-juvenil.
Primero fue una carta. Luego dos. Cincuenta. Discos, libros, películas, flores, con dedicatoria de amante encarnizado, entradas a conciertos, solicitadas a doble página en los diarios. Todo anónimo. El loco estaba de vuelta. En el contestador del teléfono (un llamado desde México) sonaba una guitarra acústica con la canción aún no estrenada.
¿Crisis de la edad media de la vida?
¿Qué saben los doctores?
Síndrome de Estocolmo. Un fan demencial.
¿Qué saben?
Nadie. Juan Nadie me sigue.
Le puse nombre para aceptar el miedo (dicen que los científicos no matan a los ratones a los que les ponen nombre).
No lastima. O, bueno, sí; me hiere sin quererlo con su Truman Show desquiciado.
Y sin embargo, es su psicosis, son sus ataques de pánico (y no los míos), su obsesión compulsiva, peligrosa, la que tantos médicos y psicoanalistas no pudieron jamás descifrar.
No. No estoy delirando. Nadie me persigue y debo convivir con él hasta la muerte.

1 comentario:

Laura Berra dijo...

Me gustó mucho y por alguna razón me vino a la mente Casa Tomada. Saludos cordiales,