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7 de octubre de 2007

JINETES MALTRECHOS.



Alberto Durero, Apocalipsis (gracias a mónica por recomendarme esta obra).



Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (1887; Museo de la Religión y el Ateísmo, San Petersburgo, Rusia) el pintor ruso Víktor Mijáilovich Vasnetsov representó una de las más conocidas escenas bíblicas referidas al final de los tiempos, que es recogida en el libro del Apocalipsis.


ENREDADA EN SU LECHO DE ALGAS.



Enredada en su lecho de algas,
cubierta por el mar
como en naufragio,
va descubriendo
melodías de la vida.
Oye sonar tras las rejas de sus horas
el tacón en la escalera y los adioses.
Jinetes maltrechos cabalgan
desde el absurdo,
se enquistan en formas de broches,
igual que trofeos
pegados a las extrañas solapas
de las chaquetas de los vagabundos.
Lecciones morales que huelen a riesgo,
estipendios perdidos en las aguas ocres,
mareas infecundas de pechos tullidos,
corazones turbios
sin luz de los pobres.
Países de ensueño por el vano mundo
conquistan embozos,
que vuelven a rodar las canchas
de los infelices.
Dolores de antaño,
sensaciones rotas
y un trágico y mudo
hedor del destino.

3 de julio de 2007

MUCILAGINOSA.





TIERRA MUCILAGINOSA.



Una vez llegamos a Tierra de Nadie.
Mucilaginosa.
Nos precipitamos en la carretera
para ser los primeros.
Nos estaban esperando.

Éramos más del montón
de aguafiestas que no pueden quererse
si no es bajo la llama de la belleza
y un terror acidulado que los espanta.

Afortunadas criaturas,
falsas y rubicundas,
nos rodeaban sonrientemente histéricas.

Señores verbosos y locuaces.
como políticos en elecciones partidarias
nos abrumaron con discursos
tan perentorios como inevitables.

La Tierra de Nadie,
¡cuanta angustia edulcorada!
era la tierra de todos
menos de Nosotros.

Mundo perdido entre nubes
de humo gris,
sin celeste en su cielo indecoroso.

Todos repiten a coro:
Una imagen vale más que mil palabras.
Y sin embargo, desconocen la querencia
de una aurora en silencio.

Frías y distantes esculturas del siglo
van anegando la pista peatonal
con clisés indignos del pensamiento.
Luego... no existen

Y lo escandalosamente irritante
y brutal
es que no les importa esa no-vida.
No les mueve un hueso
el desamor que los habita.

Son perros de la lluvia
como cantaba Tom Waits
antes de acabar
con su alma y la mía.

Escapar sería impiadoso.
Quedarse es insoportable.

No nos resta más que la esperanza
de soñar que un Nadie,
anytime,
en el azul de un blues
imaginario,
dará a Luz un Alguien
que hará renacer la Utopía,
desde el caudal umbrío en la mudanza
de esqueléticas vértebras vencidas.