

Contra la arrogancia de los copiones (Tiziano (Despierta y con perro) y el Giorgione (dama ensoñecida, sin título), dos sonetos de amor:
I -
Siento, a veces, en otras biografías
que encuentro por mi senda en este instante
del paisaje, de repente constante,
tu voz que hechiza penas y alegrías.
Tu bella voz madruga rebeldías,
me deja hecha un ovillo suspirante,
olvidada de mí, perpetua amante,
añorando el candor, las picardías.
Presiento, también, tu húmedo perfil
recubierto de arrugas bien amadas,
miradas que iluminan un candil,
caricias que devuelven doblegadas
esperanzas, que añoran un Octubre
ábrego, como el viento que lo encubre.
II-
Esta es, mi amor, la dulce letanía,
falena audaz de Ovidio albur suntuoso,
como si el sol de tu brisa en reposo
pudiera ceder a mi pecho un día
vivacidad. De esta tristeza mía
su cabizbaja anémona destrozo
y niego con mi canto doloroso
orar pro nobis: vil epifanía.
Porque seré tu epígono felibre,
crepuscular oruga trovadora
del cielo azul de un péndulo ferino,
casto remedo de un corazón libre,
ciega esclusa, remanso de la aurora,
vergel de la otra orilla del camino.


