5 de julio de 2007

DOS SONETOS.
























Contra la arrogancia de los copiones (Tiziano (Despierta y con perro) y el Giorgione (dama ensoñecida, sin título), dos sonetos de amor:



I -


Siento, a veces, en otras biografías
que encuentro por mi senda en este instante
del paisaje, de repente constante,
tu voz que hechiza penas y alegrías.

Tu bella voz madruga rebeldías,
me deja hecha un ovillo suspirante,
olvidada de mí, perpetua amante,
añorando el candor, las picardías.

Presiento, también, tu húmedo perfil
recubierto de arrugas bien amadas,
miradas que iluminan un candil,

caricias que devuelven doblegadas
esperanzas, que añoran un Octubre
ábrego, como el viento que lo encubre.


II-


Esta es, mi amor, la dulce letanía,
falena audaz de Ovidio albur suntuoso,
como si el sol de tu brisa en reposo
pudiera ceder a mi pecho un día

vivacidad. De esta tristeza mía
su cabizbaja anémona destrozo
y niego con mi canto doloroso
orar pro nobis: vil epifanía.

Porque seré tu epígono felibre,
crepuscular oruga trovadora
del cielo azul de un péndulo ferino,

casto remedo de un corazón libre,
ciega esclusa, remanso de la aurora,
vergel de la otra orilla del camino.






4 de julio de 2007

LOS NÚMEROS IMAGINARIOS Y LA VENUS DE MILO






LOS NÚMEROS IMAGINARIOS Y LA VENUS DE MILO.


Si el Universo fuera finito, nunca hallaríamos en el real mundo, la raíz cuadrada de menos uno. Porque menos por menos es más, y uno es solo uno, y siempre una, menos escultural que la Venus helena. Entonces la demarcación ficticia del ser sea (de ser y parecer) probablemente inexplicable, sin fin ni confín y sin espacio en el tiempo, donde las horas se escurren aguachentas en el escalpelo amarillo.

Decir que uno es uno sería igual a pretender que si viajamos al pretérito pasado imperfecto, superando la velocidad de la luz, llegaríamos al futuro anterior de Lucía, donde nuestros números imaginarios hubieren habitado (si mal no recuerdo el subjuntivo), con la comodidad de un asceta feliz de haber apedreado con el temple su visión de artista.

Nos recibiría Venus de Miloca, ciertamente, amputada por abrazar lo indebido, y falta envido.
Jamás, ni siquiera o no quiera de sus jamases, un escultor de un cuadro argentino imaginario y sin tino, se atrevería a reconstruirla, porque si lo hiciera, sería eyectado directamente al trono de un presente indicativo y continuo, de la primera conjugación de números irresueltos en libros de Aritmétrica Polimodal y mitología de la y griega i la tina o bañera infinitesimal.


Venus de Milo, por Spilimbergo.


3 de julio de 2007

MUCILAGINOSA.





TIERRA MUCILAGINOSA.



Una vez llegamos a Tierra de Nadie.
Mucilaginosa.
Nos precipitamos en la carretera
para ser los primeros.
Nos estaban esperando.

Éramos más del montón
de aguafiestas que no pueden quererse
si no es bajo la llama de la belleza
y un terror acidulado que los espanta.

Afortunadas criaturas,
falsas y rubicundas,
nos rodeaban sonrientemente histéricas.

Señores verbosos y locuaces.
como políticos en elecciones partidarias
nos abrumaron con discursos
tan perentorios como inevitables.

La Tierra de Nadie,
¡cuanta angustia edulcorada!
era la tierra de todos
menos de Nosotros.

Mundo perdido entre nubes
de humo gris,
sin celeste en su cielo indecoroso.

Todos repiten a coro:
Una imagen vale más que mil palabras.
Y sin embargo, desconocen la querencia
de una aurora en silencio.

Frías y distantes esculturas del siglo
van anegando la pista peatonal
con clisés indignos del pensamiento.
Luego... no existen

Y lo escandalosamente irritante
y brutal
es que no les importa esa no-vida.
No les mueve un hueso
el desamor que los habita.

Son perros de la lluvia
como cantaba Tom Waits
antes de acabar
con su alma y la mía.

Escapar sería impiadoso.
Quedarse es insoportable.

No nos resta más que la esperanza
de soñar que un Nadie,
anytime,
en el azul de un blues
imaginario,
dará a Luz un Alguien
que hará renacer la Utopía,
desde el caudal umbrío en la mudanza
de esqueléticas vértebras vencidas.